martes, 22 de abril de 2014

REFLEJO.

A mi espalda veo reflejos,
no los veo de entrada,
me percato del destello,
cuando pasa una bandurria peregrina
volando por el azimut de la ventana,

noto que su plumaje
es rojizo -¿o anaranjado?-
veo entonces
que a mi espalda,
sendas lenguas de fuego,
como llamaradas que encienden la mañana,
abren la cortina del dia postrero.

¿será que la vida es como el día? ;
que nace del calcinante rayo de luz,
y muere al ahogarse
el ultimo rayo de esperanza
que a veces llega con la noche.


CASA VIEJA.
aunque pase a tranco firme,
no pude evitar mirarla.
tenía un aspecto inerte,
como una bestia moribunda abandonada.

se sostenía frágil y rotunda,
entre unos tablones y postes apellinados
que llenos de musgos
ayudaban a soportarla.

se notaba abrumada,
jadeante y resignada.
sus ventanas tenían por cortinas
diarios amarillentos y hojas de revistas
que ya no circulan,

en la techumbre,
reposaba tranquila
una manta de ondulado pizarreño,
que ahora ya no atajaba la lluvia,
porque permanecía cubierta
de musgos y tierra acumulada,
por el polvo que levantan las carretas
que por aquí desfilaban.

los techos de pizarreño dejan fluir entre su fangosa sustancia,
el agua que baja por la acanalada ruta,
y que después se pierde
al golpearse contra el piso donde antes,
unos niños se desentumecían
rodeando al brasero.

afuera retorcido por los inviernos,
hay un manzano que permanece
con inmemorial ternura,
atisbando por su follaje
a que despierte la casa.

algún dia lo cortaran
esperando que la construcción,
deje salir a la calle a los niños que
algún dia alegraron las tardes de primavera.


Perdíz.

Cuando venía por la carretera,
más bien un camino de asfalto,
pasé cerca de un bosquecillo,
de entre los arbustos
aparecieron intempestivas dos perdices,
una voló  esquivo el móvil
y paso para la diestra,
la otra se golpeo contra el tapabarros
y ahí mismo se quedo,
¿en la siniestra?

luego el cielo se puso amarillento,
no pude volver atrás,
me consolé pensando
en la posibilidad
de que algún tiuque la aproveche,
esas son aves carroñeras, -pensé-
seguí mi camino, llevaba atrasado cinco minutos.

  
Potrero.
Si mi mente es
como ese potrero
grande, amplio
solidario.

Mi espíritu
permanece
expectante y sólido,
hondo y alerta.

¿que vendrían siendo entonces:
esas garzas,
bandurrias
y queltehues?

Acaso son parásitos
que se alimentan
impunes de mis ideas.
o bien,
serán ideas irresueltas
que merodean mis sienes.

El camino sigue avanzando,
allá se queda mi mente,
y mi espíritu,
comulgando con las ideas.


Dihueñe.

Durante todo el año están dormidos,
permanecen inertes,
invisibles.
nadie sospecha de su presencia.
duermen.

Pasa la primavera
y desaparecen,
en el verano de abrazador temple,
sucumben calcinados,
se vuelven al corazón del árbol.

Bajo la corteza arrogante,
entre la textura esponjosa,
del bosque septentrional.
yacen sus semillas o esporas?
como quiera que fuesen.

Después de un año desde fines de septiembre
con las últimas lluvias de primavera.
resurgen tímidos entre el follaje.
visten glamorosos los troncos y las ramas de los bosques ancestrales,
los jóvenes hualles y los troncos seniles por igual
se convocan para hacer alarde de su presencia.

Al atardecer se vislumbra una tenue imagen
que se mueve.
es el hombre con su insaciable y feroz astucia,
que se las arregla 
para bajar el sutil alimento de su tronco 
y llevarlo presuroso a la mesa.
o lo mete en cajones o cajas.
y se lo lleva al pueblo a venderlo a la feria.
en ese instante le pierdo la huella.

De seguro si vuelvo por estos lares
la próxima primavera
los veré de nuevo encaramándose en los árboles.
aunque no serán los mismos
pero seguirán siendo igual de dihueñes.

DECLARACIÓN CURADA.

En Padre Las Casas, siendo primavera del año 2010,
declaro haber bebido lo suficiente,
como para jurar sobre este papel,
primero: me encuentro en posesión de mi ropa y útiles personales,
no tengo nada más.

Nada que envidiarle a nadie.
nada en que pensar.
nada que perder.
solo poseo esta grotesca sed.

En los bolsillos me quedan algunas monedas.
de quinientos pesos
de cien y de diez.
y por allá bien al fondo un billete de luca,
de esos que son fáciles de perder.
ni siquiera se arrugan.

Los amigos se fueron.
un caricia blanda y pegajosa me viene a despertar.
es la larga lengua de un perro
que me viene a acompañar.

Me levanto en cámara lenta
y casi me volteo del dolor.
mejor me voy a la casa
¿para que lado está?





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