Tras una galopante noche
estamos retornando a ti.
hemos venido vacilantes en el alba
con tenues suspiros
contenemos la amargura
nos vamos descolgando del amanecer crepitante.
que marchitó nuestras pupilas.
de las desentumecidas mañanas
vamos convergiendo en tu carne.
tus fibras nos sostienen.
tu sangre nos contiene.
tu feroz historia nos empuja.
el pasado de angustiante tormento.
se hunde en la noche que descargamos.
desde nuestros hombros
vaciamos el alma y la carne de temores
sacudimos el terror de la felonía.
inhalamos frutos de esperanza
NO OLVIDAMOS
NO OLVIDAREMOS.
porque al fin y al cabo.
lo único que nos pertenece,
es eso.
los recuerdos,
nuestros recuerdos.
nuestra memoria implacable
te cubre desde el trópico,
atraviesa los platanales,
se sumerge en el cafetal
y estalla en fulgor
bajo el telúrico mineral.
el látigo y las cadenas,
la encomienda,
la cruz y la espada,
se cuajan en los escaparates de un museo.
como cuajadas están las llagas
en nuestras espaldas,
aquellas y estas aun las puedes ver.
la tortura y el destierro,
el silencio y la muerte
son las estatuas de sal
que aun petrificadas
fósiles de terror
son testigos de nuestros días terribles.
¿podrá tu implacable útero,
ahora ya crecidos
emancipar nuestros trémulos brazos?
¿sera tu vientre fecundo
capas de mitigar el dolor de nuestra memoria,
esa que reventó primaveras
y devastó los tropicales bosques en el preludio del recuerdo?
estamos entrando en tus calles,
te traemos el gélido suspiro de la escarcha del sur,
sabemos que refrescará el fin de esta noche.
no cabe duda,
tomamos tus avenidas, tus parques y plazas,
de aquí somos.
de aquí jamas debimos irnos,
mira al bosque y al océano
ellos descargan a estertores,
los cuerpos aun tibios
de todos nuestros hermanos,
tus hijos.