REFLEJO.
A mi espalda
veo reflejos,
no los veo de
entrada,
me percato del
destello,
cuando pasa
una bandurria peregrina
volando por el
azimut de la ventana,
noto que su
plumaje
es rojizo -¿o
anaranjado?-
veo entonces
que a mi
espalda,
sendas lenguas
de fuego,
como
llamaradas que encienden la mañana,
abren la
cortina del dia postrero.
¿será que la
vida es como el día? ;
que nace del
calcinante rayo de luz,
y muere al
ahogarse
el ultimo rayo
de esperanza
que a veces
llega con la noche.
CASA VIEJA.
aunque pase a
tranco firme,
no pude evitar
mirarla.
tenía un
aspecto inerte,
como una
bestia moribunda abandonada.
se sostenía
frágil y rotunda,
entre unos
tablones y postes apellinados
que llenos de
musgos
ayudaban a
soportarla.
se notaba
abrumada,
jadeante y
resignada.
sus ventanas
tenían por cortinas
diarios
amarillentos y hojas de revistas
que ya no
circulan,
en la
techumbre,
reposaba
tranquila
una manta de
ondulado pizarreño,
que ahora ya
no atajaba la lluvia,
porque
permanecía cubierta
de musgos y
tierra acumulada,
por el polvo
que levantan las carretas
que por aquí
desfilaban.
los techos de pizarreño dejan fluir entre su fangosa sustancia,
el agua que
baja por la acanalada ruta,
y que después
se pierde
al golpearse
contra el piso donde antes,
unos niños se
desentumecían
rodeando al
brasero.
afuera
retorcido por los inviernos,
hay un manzano
que permanece
con inmemorial
ternura,
atisbando por
su follaje
a que
despierte la casa.
algún dia lo
cortaran
esperando que
la construcción,
deje salir a
la calle a los niños que
algún dia
alegraron las tardes de primavera.
Perdíz.
Cuando venía
por la carretera,
más bien un
camino de asfalto,
pasé cerca de
un bosquecillo,
de entre los
arbustos
aparecieron
intempestivas dos perdices,
una voló esquivo el móvil
y paso para la
diestra,
la otra se
golpeo contra el tapabarros
y ahí mismo se
quedo,
¿en la
siniestra?
luego el cielo
se puso amarillento,
no pude volver
atrás,
me consolé
pensando
en la
posibilidad
de que algún
tiuque la aproveche,
esas son aves
carroñeras, -pensé-
seguí mi
camino, llevaba atrasado cinco minutos.
Potrero.
Si mi mente es
como ese
potrero
grande, amplio
solidario.
Mi espíritu
permanece
expectante y sólido,
hondo y alerta.
¿que vendrían
siendo entonces:
esas garzas,
bandurrias
y queltehues?
Acaso son parásitos
que se
alimentan
impunes de
mis ideas.
o bien,
serán ideas irresueltas
que merodean
mis sienes.
El camino
sigue avanzando,
allá se queda
mi mente,
y mi espíritu,
comulgando con
las ideas.
Dihueñe.
Durante todo
el año están dormidos,
permanecen
inertes,
invisibles.
nadie sospecha
de su presencia.
duermen.
Pasa la
primavera
y desaparecen,
en el verano de
abrazador temple,
sucumben
calcinados,
se vuelven al
corazón del árbol.
Bajo la
corteza arrogante,
entre la
textura esponjosa,
del bosque
septentrional.
yacen sus
semillas o esporas?
como quiera
que fuesen.
Después de un año
desde fines de septiembre
con las últimas
lluvias de primavera.
resurgen
tímidos entre el follaje.
visten glamorosos
los troncos y las ramas de los bosques ancestrales,
los jóvenes
hualles y los troncos seniles por igual
se convocan
para hacer alarde de su presencia.
Al atardecer
se vislumbra una tenue imagen
que se mueve.
es el hombre
con su insaciable y feroz astucia,
que se las
arregla
para bajar el sutil alimento de su tronco
y
llevarlo presuroso a la mesa.
o lo mete en
cajones o cajas.
y se lo lleva
al pueblo a venderlo a la feria.
en ese
instante le pierdo la huella.
De seguro si
vuelvo por estos lares
la próxima
primavera
los veré de
nuevo encaramándose en los árboles.
aunque no
serán los mismos
pero seguirán
siendo igual de dihueñes.
DECLARACIÓN CURADA.
En Padre Las Casas, siendo primavera del año 2010,
declaro haber
bebido lo suficiente,
como para
jurar sobre este papel,
primero: me encuentro
en posesión de mi ropa y útiles personales,
no tengo nada
más.
Nada que
envidiarle a nadie.
nada en que
pensar.
nada que
perder.
solo poseo
esta grotesca sed.
En los
bolsillos me quedan algunas monedas.
de quinientos
pesos
de cien y de
diez.
y por allá
bien al fondo un billete de luca,
de esos que son
fáciles de perder.
ni siquiera se
arrugan.
Los amigos se
fueron.
un caricia
blanda y pegajosa me viene a despertar.
es la larga
lengua de un perro
que me viene a
acompañar.
Me levanto en
cámara lenta
y casi me
volteo del dolor.
mejor me voy a
la casa
¿para que lado
está?